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Un poeta de hez sabrosa -¡semejante peste!- más lento que una clepsidra en defecar pero igual de exacto que el mecanismo de Anticitera. 

-María, tira del excremento hacia la ciénaga, hacia la ciencia, ya que hoy nada quiere caer por su propio peso, ni salir por expresa voluntad.

-Tu asueto sólo sirve para fomentar resuellos; y, ¿todavía necesitas una mano femenina que te asista en el duelo? 
Es tan asquerosa tu poesía que no gano para escobillas de retrete. Acuérdate de los mortales, antes de maldecirnos con tus muertos, e intenta perfumar la estancia de los vivos.
Si no somos tus siervos, por qué entonces nos colmas con tus dones, tus defunciones, tus meteoros, tus geodas e infusiones. Guarda tu emoción y tu talento para quien no pueda olerte y quiera leerte en papel higiénico.

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