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Mi única rebeldía descansa en la palabra y en los huecos del horizonte, en ciertas apreciaciones fácilmente restituibles. Aunque el insurgente odie el servilismo siempre se hará acompañar por alguna ramera y amanecerá en alcobas de concubinato y conformidad. ¿Cómo negar la completa dicha que nos esclaviza a un placer? Así que estamos vencidos por toda determinación, ineludiblemente; tal vez, acaso, a la más grata e indómita de las subordinaciones.

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