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Un hombre tarado entre muslo y muslo, de pollo son sus ancas,  dispersión de aceite y cercanía de una botella. La primera cortesía es la que alivia y deleita. Saborear el dislate y la tormenta de unos labios. No necesitaré una maniobra de aproximación para obsequiarte con las salpicaduras de mis babas, ni apartaré los finos pelos de tu trasero, consuelo de adocenados. 

2 comentarios:

  1. Qué gráfico y poético te ha salido lo de los pelos del ojete.
    Me gusta cómo está escrito este texto.

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    1. Finalmente, lo que estaba oculto ha salido a la luz. Intenté tapar esa alevosía amenazante y tú pusiste el vello en el lugar correcto, sin tapujos.

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