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Feliz como un perro que olisquea el tuétano, te dije: tutéame, acaricíame el lomo con las garras afiladas, la reciprocidad de un cielo junto a un austero arañazo.
Me agradó la inconveniencia de la bisutería: tu anillo de casada en el Gólgota y la más negra noche de Abisinia en tus uñas postizas.

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