Archivos del blog

Había huido anhelando una oronja de catarsis, lejos de los telares de la dulce costumbre. Hasta el divino Cesar cimbrea su cuerpo ante la testarudez del tábano. El nasciturus se acomodó en la oreja y a la hora de nacer se prendió de un lóbulo (en este estado de somnolencia parir se asemeja a un lavado de oídos). Hurgué en el tímpano procurando los ángulos de tu nacimiento, pequeño bulto auditivo de mi redundancia: mamarás el amor pródigo y saciarás de monstruos tu alma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario