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Es triste observar tanta belleza y tener que apartarse. Como un embaucador de zozobras, gozar entre unas letras y repudiar el extremo del bebedizo. Tus ojos mienten cuando vendes el tiempo del fin. Tus ojos mienten cuando nombras una tormenta de amor. Imagínate un cuadro, embelesarse y tener que retroceder ante la magnífica indiferencia de lo bello. Ponerle un símbolo a cada velatorio para permanecer en la misma habitación. 
Paroxismo gratamente edificado, yo dejaría todos mis escritos por rozar tu piel, por adentrarme en ti como un remordimiento en la arena. Me agrada pensar en el hechizo; mas, debo tornar el rostro ante los reclinatorios y el aparente brillo del espejo, hasta que la canción nos devuelva la fealdad de amar.

6 comentarios:

  1. Hay que amarse en el vertedero para observar la belleza y no necesitar tomarla.
    Y que la literatura sea solo una extensión sin mayor pretensión que el agrado

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    1. Eso es lo que realmente me desagrada: que la literatura sea una extensión sin mayor pretensión, y que los pretendientes pasen a ser simple literatura.

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    2. Sandra, es el recelo, el desconcierto del poema que sólo se sacia con el poema.

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    3. El poema solo tiene cavidad en el poema y el amor solo es un reflejo en él pero el amor si es la gran copilacion del universo que solo se haya en el ser la literatura es su sucedáneo

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    4. Copulacion grrr el corrector de los huevos

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    5. Eso trataba de exponer. Llevado a cierto extremo, ¿qué ocurre cuando el sucedáneo de la literatura se convierte en la razón de ser y el amor sólo es un reflejo del poema? El poema no puede usurpar el amor recreándose en su mismo delirio, en algún momento será necesario retroceder a la nada.

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