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No todo en una cosecha es digno de llamarse mies... No le niegues al viento la simiente despreciada, no pongas tu fe en los poetas (ya nadie confía en esa raza). Todo concluye en esta mala hora y en este preciso lugar.
Un beso, cáliz de oro, seda hurtada al devenir, nada artificial pero digno de una adulación.  No saber, no ver, no sentir..., tal vez necesitemos un río de indigencia para entregarnos, y unos labios que aten caudales a la sidra.

2 comentarios:

  1. Quien escribe lo necesita como necesita el pintor expresarse en un cuadro. El humano necesita amar y sentirse amado pero necesita desteñir su corazón para mostrar su transparencia.
    Los ríos de indigencia suelen acabar en mares contaminados pero tal vez la sal pueda curar todo ese lastre y hacernos sentir plenos.

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    1. La indigencia es confusa y no siempre la suciedad deja de ser suciedad. ¿Demasiada transparencia y ninguna voluntad a la que aferrarse? Aunque no se ame la claridad debe predominar sobre todos los matices.

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