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¡Todavía el grato sabor de los besos mientras se embalsaman los recuerdos! Hay que atar al corazón para afligirle un castigo de desprecio y se enterrará como un cangrejo en el fango. Ahora que vienen las fiestas..., ¿qué tal un corazón de crustáceo? Arrancándole las patas y las pinzas, hasta llegar a los corales, lo degustaremos en nuestros cuarteles de invierno con poesía. La vida impoluta regresará a nosotros en forma de banquete y nausea.

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