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Literatura anal

Bye, bye, 604. Arrivederci Roma... Tengo ganas de mandar todos los poemas a tomar por el culo, pero antes me habría gustado probar la fogosidad de tu recto, la avaricia de tu esfínter; entablar una relación ano persona, presentarnos convenientemente, darle un beso en la mejilla a ese eccema, y, aunque le huela el aliento, saborear su condición y degustar su misterio.

El firmamento es como un insaciable agujero negro que lo engulle todo.

-¿A qué te dedicas? Perdona, creo que he sido indiscreta, las mujeres somos indiscretas por naturaleza.

-Me dedico a follar culos y cabalgar coños, y en mi tiempo de asueto escribo poesía sobre culos y coños...

-Eres bastante arrogante, pero no me disgustan tus aficiones aunque confundas el trabajo con el placer y el ocio con el amor.

Mientras lubrifico su boquituerta tengo la polla mojada para y por su deleite.

-Mi oficio es el orificio de tu perversión y todo aquello que sangrarás de mí en la ausencia. Aunque tus nalgas y tu alma se abran de par en par como las puertas del Elíseo, ya no tendrás mi lengua en la comisura de tu excremento y mis dedos no te tatuarán un poema mojado y licencioso, ya no sabrás si mis propuestas te benefician o te atormentan, si el corazón se dilata en gratitud o cierra sus alas en discordia.

¿A eso han llegado tus fueros que no poseeré jamás tus cachas (ojete firme y discreto, pequeño como una enana blanca en piscis)?

El poeta, que podría haber muerto en una tumba de deposiciones y abstracción, se derretirá como un helado de vainilla en la nada. ¡Qué pobre destino no profanar el amor cuando el amor nos reclama y dejar de beber en un quinto la avaricia de cerveza! Aquél, que ama los caldos de tus bodegas y la saciedad de descorchar tus licores, nunca acudirá a esa fiesta en la que vino y ebriedad son uno, festividad y abandono son dos.


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