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Si alguna vez persistió la claridad, cambiaría lo inmaculado e intacto por unos adjetivos más cercanos al oprobio y la demencia. 
Si lo dejamos caer se estrellará contra el suelo o nos devolverá el pliego del impostor. Ahora pienso que esos defectos eran una obligación, una consecuencia de nuestra naturaleza, y que la culpa no se corresponde con un verdadero delito: el corazón es maléfico por justicia. 

9 comentarios:

  1. en el fondo eres un moralista que se dedica a ciertos vicios a la deshora, vicios que embarcar en el sudor de absenta de un cuerpo y desplegar el barco y la quema....

    yo le echaría sangre de gorrión y LSD, al problema de la retórica del problema y me dejaría chapotear por el Agujero y la estampida de los bichos de la selva

    nunca se le debe nada ni a un orgasmo ni a un amante, todos somos parias y nos dejamos seducir por la anarquia que mejor masturbe al incendio de los caminos y es NEGRA y oceánica, con gritos rojos, al borde del pájaro y el motin

    confía en el que el otrx te traicionará por justicia al fulgor
    confia que nuestra alma es NADA y NADA comiéndose el jugo del éxtasis

    no hay barqueros que puedan cobrarse el cruce del leteo

    mamá contaba muchas mentiras respecto al cielo y al bien

    el desamor sabe bien si sabe a piedras de lava y a juegos de dedos entre la selva y los pirómanos

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    1. Tienes razón, soy todas esas virtudes de las que hablas y algunas otras que es mejor esconder porque ruborizarían a los niños buenos con chupete y pezón de hembra lactante. ¿Por qué siempre nos afirmamos en nuestra retórica y nuestros vicios? ¿El mal que hacemos es el mal de los otros y la honra siempre es nuestra? Nuestras acciones, manifiestas o no, tienen sus reacciones y sus consecuencias. Pero de todo hecho sacamos verdades insoslayables y también argucias repentinas. Mareva, ¿por qué no vemos la viga en nuestro ojo? ¿En tu anarquía no hay lugar para quemar las naves por amor? ¿La confianza debe ser despreciada por el interés, el juego, el súbito deseo o la súbita lubricidad de un orgasmo? Y, aunque naciera el perdón en nosotros, por qué regresar adonde no fuimos amados.

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    2. Así que debo jugar con mi desamor en la selva de la piromanía, para conseguir pasajeros deleites de lava en otros ojos y en otros cuerpos, ¿ese es tu remedio, o es el barco que navegas cuando eres incapaz de amar? ¿Debo darte unas palmaditas en el hombro y estar afligido por tu mal de amores, por los infortunios de tus desencuentros en la jungla de la vida y especular con una cama llena de rosas para tus aflicciones? ¿En qué semántica rota coge el engaño? El engaño que no quiere engañar ni trata de herir no deja de ser un embuste.

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    3. el engaño, es tergiversar premeditamente, una hechura, para dar a entender otra vírgen de cera o absenta en arrojo, ocultando, una antagonia o una gota de sangre
      entre nos, nunca ha habido engaños... el vino de la vagabundia, ha fluido igual de vehemente, en su expresionismo y deriva. que al tributo de las daturas en las alcobas o en los suburbios
      que no podamos librarnos del nihilismo es otra cosa, que todo sea, voluble al bautismo del éter de las noches, es también una cuestión de honra.. para el pájaro que se suelta en la lluvia
      e insisto, en que pertenece a la moralidad, todo lo que trata de nombrar con una ley el firmamento... o ponerle umbral a la belleza y al deseo, darle nombre a los nombres y creer que la viga en el ojo, tuyo o mío,, no es también una broma del Conejo del Hachís juntando a la humanidad con los protozoos y los crujidos de barro.

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    4. No sé adónde sales a apacentar tus deseos por las noches que regresas a mi como una lluvia sin morada. Nadie trata de ponerle bozal al deseo, sólo dirimir en qué alcoba quiere acostarse. Si quiere todas las alcobas puede ser que no le pertenezca ni a un solo corazón. Has sobrepasado mi umbral de belleza, no querrás que aplauda los orgasmos de una fraternidad a la que no he sido invitado. No le pondremos nombre a una ley ni a un firmamento ni al amor, pero nos debemos la misma reciprocidad (no le pongas nombre a mi conducta).

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    5. Mareva, nadie a engañado a nadie ni malversado las formas ni mentido en lo esencial, soy yo el que se engaña con su estupidez y unos deseos que no se confirman. Zanjemos este desencuentro, la equivocación es mía y debo hallar mi camino.

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    6. creo que la única confirmación del deseo, es su avalancha y entrega, sin medir ni pronunciar, sin importar la sombra ni el hacia dónde ni futuro, ni nada de lo que han enseñado las palabras ni los mapas..... es algo más allá y pertenece al éter.... y entre su música no existe la equivocación de los nombres propios porque estos no importan y es algo más húmedo y taladrante que deja ese sabor a lirio de las pinotecas del salitre y mudanzas dentro de una gaviota...

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    7. El deseo no confirma el amor. Tú eres un ser de hoguera y avalancha; yo soy un ser de celdas de afecto, un reptil de profundidades cotidianas. He sobrepasado ciertos matices para enterrarme de placer con los sapos en el lodazal del afecto. Sólo espero que los que yacen con las gaviotas compartan el cielo de las aves, tu mismo cielo. La mudanza no me pega, yo taladro como un gusano la madera podrida de los bosques. Nunca he puesto un nombre propio a ningún amor, ni siquiera a una noción de pájaros o a una historia de vino, quien está conmigo es libre de dejarme a su merced.
      No amamos lo mismo y no está en nuestro ánimo amar otra cosa.

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    8. Todo es perfecto y alevoso en tu intención, y yo debo rozar esa misma perfección en otra música y otra entrega. No hay ningún mal en mudar de gaviota.

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