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A veces necesitamos limpiarnos el rojo aliento y discernir la carroña entre los dientes. Los pétalos desnudan densidades y todavía vives de letras no escritas, edad del merecimiento, con la aceituna en el ojo y la mueca de la anchoa.

Destino de carne, carnívoros y carniceros, el cuchillo de los enamorados es otro destino que alguna vez fue nuestro. 
Quien mató todos los porqués quiso asesinar la voz. Cualquier animal definido como un animal deja un rastro evidente. Un poeta arqueólogo desentraña y desentierra significados y muchas veces pernocta sobre las ruinas de su ciencia. ¿Quién no ama a los de su especie? ¿Quién da vida al azar?

Escogiste, no salió bien pero elegiste, y ahora ni siquiera puedes quedarte con tu hallazgo.

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