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Yo, más que tú, fui el osado amante de los cuerpos. ¿De qué sirve la literatura si no propasamos el burdel de los ojos? ¿Para qué morir en una aceptación y esclavitud de letras?
Yo, más que tú, quise dormir en tus callejas, al lado de los despojos, amparado en tu débil voluntad.
Yo, más que tú, desee profundizar en nuestro encuentro para gozar el verdadero poema.

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