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Yo hice el amor con mil mujeres antes de conocer a la mujer con la que no haría nada. 
Un beso humilló sus labios de contrición y su boca se desgajó como una naranja fresca, me salpicó con su saliva igual que un molinillo de agua y le insinué: no penetres aún mi falo con la lascivia de tu lengua.
Yo hice el amor con mil mujeres antes de conocer a la mujer con la que no haría nada. 
Ni siquiera rocé el halo de sus pezones y la turgencia viva de sus pechos me amonestó con descaro. Quiso crucificarme a sus senos, pero el crucificado trató de reprender la voluntad de las mamas, y le dijo: aguarda, es tiempo de vinagres y Longinus.
Yo hice el amor con mil mujeres antes de conocer a la mujer con la que no haría nada. 
La humedad de su conejo le manchó las bragas como a una ramera patizamba. Antes de llegar al ojo de la tormenta -su útero era una carabina italiana que oraba en latín todas las misas-, el prieto ano se arreboló de caramelo para el dispensario de mi dicha. Ya era mía sin propasar un solo cabello de su ética, y sangró el corazón como un pene mordido por soviéticos.
Yo hice el amor con mil mujeres antes de conocer a la mujer con la que no haría nada.
Así nos amamos sin coito alguno que hasta temí dejarla preñada, y, por Dios, que la preñé sin rozamiento como a veces ocurre en los conventos.
Fuimos felices porque nunca yacimos juntos, ni hubo cohabitación, ni fornicación, ni impudicia, y la familia siguió creciendo.
Yo hice el amor con mil mujeres antes de conocer a la mujer con la que no haría nada.

2 comentarios:

  1. Yo también hice el amor con 1000 mujeres antes de conocer a la mujer con la que no haría nada... y después de ello había hecho el amor con las 1001, pero todas me dejaron un sabor agridulce en los labios, como si fueran cenizas de un tiempo pasado que yo no quería que volviese, Mil mujeres no me llenaron, ni mil una, ni siquiera la de mis sueños me llenó. Necesité buscar por otros caminos, porque nunca el deseo me llevó a ninguna parte. Si tuviera que acostarme con la 1002 lo haría sin dudaralo. La repetición de esa frase resalta el cuerpo del poema.

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    1. La repetición del absurdo resalta las cualidades del poema. Aún no entiendo bien esa mística que se retracta de la mujer de los sueños, ¿tal vez el sueño ni siquiera consolaba, o la consolación estaba en otros mundos?
      El deseo siempre nos marca caminos de inquietud. Ahora empiezo a comprenderte: necesitas acostarte con 1002 mujeres a la vez para no tener dudas, ya que la unidad te parece demasiado poco y la paridad todavía no llega a satisfacerte...

      Tus comentarios son una luz. Te tienes que dejar caer más por aquí...

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