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Ya que estoy perdido, ¿por qué flanquear el corazón de los incendios?, ¿por qué no abrasarse hasta la ceniza y el azul cobalto?
La mano de mi amada precipita los leños hacia mi martirio y la piel arde donde la poesía es dolor. La sangre se desprende del hueso y el oído ya no atrapa la ruidosa multitud, sólo crepitan y reverberan las llamas.
¡Ingratitud, mi alma es el infierno y la mortaja, recoge los restos calcinados con tu nombre!

2 comentarios:

  1. Una palabra clave. Ingratitud.
    Cuando deberíamos estar agradecidos

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    1. ¿Deberíamos agradecérselo a las llamas y a la hoguera? Pero tienes razón, es mejor agradecer el fuego.

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