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Tienes muslos de Adonis y corazón de piedra. Por no saber amar eres un ebrio poeta, un cielo a todas luces bello, atrapado en polvo de centellas. 
Recoges la voluntad como un tesoro mientras el amor juega a envilecer. Igual que las ondas en el agua, toda generación produce un rumor y una constancia.
La niña dulce es guiada por el dulce muchacho que se apoya como un cordero en la sangre de las jambas. ¡Dame el alma infantil que alimenta al hombre y hazme niño en la depravación de tus ciudades!
Observa la abundancia de una mujer y cómo otra se jacta de sus proporciones divinas, pues es tiempo de ridiculizar y de orinar nuestras pasiones.

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