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Salí con mi perra a oler traseros y a seguir un rastro, todo es libre albedrío cuando nos detenemos en los cuerpos y en los excrementos, cuando nos acercamos a sentir el almizcle de la ebriedad como un perfume (hasta las arañas nos observan con ojos desproporcionados). 
¿Qué decir de la magnífica virtud de mi hembra con su soliloquio? ¿Qué aguardar si la lengua no propasa cada centímetro de aceptación hacia los licores de sus tibios resuellos?
Si quieres exaltación lo haremos como piratas sobre la cangreja. Ahora que nos bendicen corsarias galernas por qué dejar a los Ángeles sin una canción de Nickelback. Ahora que nuestro botín es la entropía, por qué no sublimar la bestia al gemido. Mi corazón desciende, añil como un día de hambruna en la siesta de los faunos. Para que el mástil pueda arbolar su enseña, el pabellón español debe temblar en alta mar.

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