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Gedeón y sus 300

De entre su pueblo,  Dios escogió para la batalla a los más precavidos. Hubo algunos que se sumergieron en aquellas aguas hasta las cejas, llegaron a remover el fango con las pestañas y a besar el ano de las ninfas. En sus espaldas ponía: ámame, ódiame, mátame, soy un poeta judío.

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