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¿Podría ser tan dulce como James Blunt con los dientes podridos, la mirada extraviada y el ano roto de sangrar esquinas? No lo creo, soy un completo majadero. No tengo una canción para el alma ni una equivocación que argüir en tu cama. Un "te amo" en mí sonaría como una carcajada vacía o un desperdicio, más que como un "estoy perdido sin ti". No tengo presencia para cautivar a una musa patética, la única histeria que soy capaz de convocar es una hilaridad sin pestañas, una música de letrinas, un antiguo burdel con retretes y lejía (en ese antro de las profecías nadie puede entrar sin desechar las letras). Barre mis ojos, cielo, mientras puedas dejar algo de polvo en el camino, o un poco de inconformismo para lamer las heridas.

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