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Otra vez he perdido todas las direcciones, si no fuera así te mandaría un hermoso vestido rojo con lencería amarilla,  bastante facha y poco republicano como sé que desprecias. Pero mirándote al espejo quizás asentirías: me queda bien esta reliquia del Opus, me entran ganas de asesinar a tus monárquicos y a tus falangistas; por un momento, amor, has elegido el color de la sangre para todo lo placentero.

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