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-¡Amada! El campo está lleno de flores y nunca fui un caballero. ¿Quién es capaz de aguardar tanto tiempo sin abrigarse y resguardarse?

-¡Amado! En tu espera, el esperma ha regado mi parteluz. Nuestro amor es el mismo que el de los maleantes que no dan por perdida la flor aunque haya gitanos en el castillo. Y, ahora, amor mío, haz soportable esa deshonra como soporto yo tu sombra.

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