Ir al contenido principal
Demasiadas negatividades para un poema perfecto, no? Si negando pequeños pasos puedes llegar al culmen de una obra, ¿qué pasaría si no los negaras?
No podemos calificarnos sólo con la interpretación que hacemos de nosotros mismos.

Carbajal Abal



¿Qué el culmen de esa obra carecería de honestidad? Perdona mi presunción porque no es cierta... Tengo que felicitarte por unos comentarios tan sagaces ya que proponen y parten de interrogantes, y se recrean en la contradicción de lo expuesto...
Lo más complicado es ser absolutos poetas de la afirmación, como Whitman, permanecer en un extremo de lo aceptable, lo propio, lo bello, lo excelso, lo vital y consecuente. Es curioso que tu enunciado diga tanto. Tal vez, algunos, necesitemos desmentirnos para confirmarnos, y dejarse caer es una forma de mantenerse en equilibrio cerca del precipicio.
¿Por qué no participar de esa suposición sublime y a la vez terrible? ¿Qué pasaría si no negáramos nuestros pasos? ¿Habría alguna ola condescendiente, dispuesta a suplantar la huella de un dios? ¿Altivo en la fortaleza y con unas alas desproporcionadas? Creo que ni siquiera se roza lo impropio cuando se sobrevuelan las nubes con ambición.


Comentarios

  1. De más joven me decían que era el espíritu de la contradicción (hummmmmmmm tal vez por eso me hice poeta). Nada hay tan sublime que no tenga un apéndice por el que pierda su total virginidad, nada hay tan perfecto. Nosotros mismos por ejemplo, somos perfectos desde nuestra imperfección. De todas formas, a mí me gusta ser imperfecto y contradictorio

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Uno se hace o tropieza con el ser más imprudente de sí mismo. Nada hay más sublime que un apéndice perdiendo toda su virginidad..., o un poeta con apendicitis.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

POETÍLICOS

- ¿Cruces blancas en lo rosa? Si hay satisfacción, al desastre no le importa el sastre...
- Ya sabes, al final la muñeca diabólica siempre seguirá siendo muñeca... sastre y medidas férreas de lo que al "placer" se refiere.
- Prefiero la maldad de una mujer, incluso las bondades de una mujer con el mal... ¿De qué sirven los trajes cuando la piel es la medida?
-A veces vestiduras y pieles sufren de remiendos... hasta Satán sucumbe ante la costura de una mujer... de una muñeca también.
- ¡Satán jugando a las peponas! ¡Fascinante tentación!

Místicos deseos

Una melena prodigiosa que casi tapa el prodigio... Sobre el embiste, anteriormente citado, si no pone a prueba la consistencia del lecho me hace dudar de sus pretensiones. Si a una mujer se le da bien hacer habitaciones, el firme propósito de un hombre es deshacer su creación, deslegitimar su obra (no pensamos en follar sino en profanar colchones). Tengo la firme convicción de que cuando una mujer piensa deliberadamente en el amor es que la cama no está bien hecha, no le agrada totalmente, e intenta recomponer el dobladillo de las sábanas.
Ábrete como una flor al recuerdo, suicida con tus pasos las horas, porque nadie merece un tiempo de olvido... Vuela como una polilla hacia la eternidad de la luz, que no nos sirva la condescendencia de excusa ni la nocturnidad de abandono. El amor todavía es una quietud de sábanas limpias y un demonio que dormita desalojado de sus posesiones. Dios ha criogenizado tus lágrimas para resucitar la hermosura, y el alma despertará de su sueño para nidificar en lo alto.