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Recreando un amor cerdo me fui a la piara de tu nombre, allí gruñían otros puercos que me salpicaron los ojos con su eterna vehemencia y me dejaron ciego de endechas y tuerto de tus nalgas.
Todo era voluntad de asirse a tus jamones, todo por la generosidad y promiscuidad de tus tocinos. Te la metí con un acordeón y una muiñeira y bailamos a golpe de pandeirada (algún lechón miope se parecerá a nosotros y tendrá nuestra misma mirada).

4 comentarios:

  1. Y acabará fileteado en alguna tienda de jamones...

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  2. Reclamo levantarme cada día, aunque sienta el malsabor del costillar que me puntea como un zarzal. Si otros puercos reclamasen mi hallazgo les diría: Ahí lo tenéis, podéis degustarlo igual que yo, pero ahora me pertenece a mí: os la dejaré en la puerta porque hoy pasaré la noche con mis nalgas en reposo. Ahí tenéis mi mirada lechosa después de pasar por ellas. No entiendo lo del acordeón, a no ser que fuese a tropezones

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    1. Lo del acordeón tiene que ver con la música y la forma del miembro porcino... Me agrada cómo esparces tu descanso, tu nalgada, sobre la soledad de los embutidos y el vicio de poseer.

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