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No amo más a una mujer que a un coche desvencijado. He tenido que sufrir cada arañazo en el salpicadero como un desgarro emocional. Un enlace es un derrape y una luna de miel es un desguace cerca del mar. Allí todas las piezas son tesoros y ningún motor es tan aburrido como una hembra que farfulla pedicura y peluquería. En algún tiempo te cambiaría por un cárter oxidado o por una correa de distribución... Ahora comprendo esos anuncios que ponen el cuerpo de una diosa junto a un utilitario, se trata de que los dioses queden mal y muevan sus culos decorativos en la bandeja del maletero. Cuando se me acabe esta furcia buscaré otra fulana; pero a ti, vetusta antigualla de chapista, correosa y dura como un armazón, no te abandonaré jamás.  

2 comentarios:

  1. La carrocería es lo de menos si se va haciendo un mero mantenimiento del motor y sus engranajes.

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    1. No hay necesidad de cambiar de vehículo si éste no nos da problemas y nos lleva a algún lugar, al mismo al que iríamos con uno nuevo. Después, incluso podemos considerar el ingente valor sentimental de la ruta compartida.

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