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He tenido tantas amistades que nunca he estado a solas con nadie. He participado en tantas batallas que nunca me he podido detener a vivir lo simple y lo humano. Y, ahora, que he dejado de ser un mediocre, únicamente deseo regresar al camino de la indiferencia para compartir la adversidad con los ácaros y el polvo.
Una vida perdida, mundana y egoísta. Una vida de soledad, ladillas y abandono, en el apacible desprecio de una miserable existencia. La arbitrariedad en la redención de las horas: ése es el cielo, el cielo indiscutible del poeta.

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