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Sin derroche no hay nostalgia de lo perdido... Aunque los perdedores no lleguen a buen puerto, justo es lo que merecen por las sobras de lo que amaron o fingieron amar.


 
 Juzgado y condenado por perdedor.
¡Cuánta seguridad!


 
Sin necesidad de juicio ni condena. Con toda seguridad, nuestros actos tendrán su justificable precio.

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