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No hemos nacido para recitar poesía, sino para que nos reciten, para ser recitados con una felación y un cunilingus.

Ya que tu rasura no querrá jamás pasarse por mis aposentos, no me muestres el Apocalipsis de tus bragas ni tus dientes -jarabe de caramelo-.

¡Oh, ojos que ocultáis la gracia que merecéis, es mi más ferviente deseo y mi oculta obsesión, desnudaros desde la interioridad hasta la eternidad! 

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