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Hay tanta humedad en el ambiente que se puede respirar la lluvia, palpar el contorno de las nubes y mascar el aire. Te puedes hacer una tostada de moho y untar una gelatinosa baba de caniche. Las babosas están de enhorabuena, y yo aquí, más lechoso que un champiñón sin tu jamón, a kilómetros de tus tetas.

Me he dado cuenta que las estrellas te suben por el cuello y marcan el camino hacia Venus. Despotricado en tus pezones, me basta un verso para hacer un pareado y morir en la poltrona de tus labios. ¡Me hamacas, me hamacas, y me arrullas con tus maracas!

La lavadora suda por la falda y el detergente hace el resto. Te has preguntado, alguna vez, adónde va el agua sucia de la colada cuando desagua el corazón.
Se te ha encogido el tanga con tanto suavizante, se te ha encendido la pantomima de la raja..., que sólo querrás estar conmigo cuando me enjabone la minga de las pajas. Sin horizonte, amor, más allá de la niebla, a kilómetros de tus tetas.

Te desnudaría entera para lamer el cielo, abrigados a una bombilla de tungsteno, con tus niñas cíngaras y una canción de Jacques Brel.
Amar es una osadía, un día de plúmbea cobardía. De todas las vejigas francesas harán un perfume francés, tan caro, que no lo podrás pagar con tu amor de ultramarinos. 

A ultramar de tus islas, ya nunca penetraré el atolón de tus nalgas, ni se desbordará mi chimenea de caliente magma. 
Con el alma de anudar marisco a un arte de pescadores, saldré a buscar otro escalope. Nena, ¿cómo será el verdadero amor sin calcetines, y un poema escrito en la entrepierna a kilómetros de tus tetas?

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