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Regresa con los lobos al hogar de la muerte blanca, allí no hay poemas, sólo el infinito, el ansia de vivir y la promesa de ser. 

El ocaso es lúgubre y verdadero como un aullido, y el invierno abriga el salvajismo de las almas; no es lugar para poetas y perdidos.

¿Qué es un hombre sin camada? Cualquier perro sarnoso desea recostarse junto al fuego y observar la intemperie de la llama.
¿Qué es un lobo entre humanos? Un animal confinado a soledad, una musa que juega al menosprecio con los jirones de sus bragas?

"Por aquí entró un amante y no encontró litera. Éste se enredó en las costuras y no halló la piel. Nadie ha penetrado con las llaves de la noche en mi soliloquio para dejarme un puñal y una canción...
Entonces se volvió y contempló admirada que en su trasero había un roto remendado, no supo descifrar aquel enigma que la sumió en la duda, y siguió jugando, cariacontecida, con sus dedos".

A veces un corazón inquisitivo se extiende por una suposición y desea ser amado por una eternidad que no le corresponde.
La loba, ambigua, contigua a la sangre, reclama su ambición y nos cuestiona con desgana:
"No quieras ser instinto cuando tu palabra es razón. ¡Regresa al hogar de la muerte blanca!".
En ese preciado momento que el sol declina y nos ama, quisiera tener a alguien cerca para compartir un único gesto de camaradería; después todo pasará, pasaremos, lejos de nuestra mutua satisfacción, pero nos habremos detenido un instante en la belleza.

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