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No debemos vivir mucho tiempo sobre la desgarbada costumbre ni asistir plañideros al octavo día de nuestras lamentaciones. Otra dicha inundará las planicies del beso y la lluvia volverá a ser honesta. 
De una roca informe, la primera iglesia, se alzó con rotundidad hasta convertirse en terror: amasijo de arquivoltas en las escupideras.

Mi literatura es reciclaje  de envases vacíos. ¡Escribe, mi fiel amanuense!, que tus dedos guíen la música hasta el gimotear de charcas y el salpicar de peces, indeterminado como un individuo carente de vagina.

La indiferencia del arte es un bostezo y la poesía de amplias posaderas no advierte nuestra mano en el asiento, tampoco se disculpa, no vale la pena decir: "lo siento". Siéntate pues y clava tus nalgas donde quieras delinquir, delinque incluso lo que pretendas amar, lo sagrado es interposición e indisposición, triptófano y molotov, cuatro balas en la cancillería de tus cachas.

Durante un tiempo salí con una chica que repudiaba la monogamia, toda clase de primates y parentesco (el amor entre simios tiene un repugnante parecido al amor entre humanos). 

En el país de la lengua en el sexo, la reverencia, la genuflexión o el saludo, tienen que prodigarse debajo del ombligo e invariablemente por encima del esmalte de las uñas de los pies, (es una galantería si se detienen un poco en la salutación y en la distinción). 

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