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Palimpsesto

He resuelto que el olor del sexo es semejante a la épica, muñeca macabra encerrada en los anillos de Saturno. He desplazado con suma delicadeza el moscardón que se ahogaba en el café hasta el último sorbo de poesía. Ningún corazón quiere salir del pecho una noche de violadores; pero, ¿confías estar a salvo en el amor para siempre? El dolor es el principio de toda equidad. 

Coleccionaba dedos de manos temblorosas, coleccionaba besos de amantes al azar... Un silencio femenino precede a una orquesta de lamentaciones (describo prematuramente lo que no es un baile) y desde un idioma perfecto como el francés podemos alabar al Demonio y agradar al Creador, podemos acariciar el cielo mientras ardemos en la Gehena. Un lenguaje apacible que apalea al prójimo con sumo encanto y nadie repudia los golpes ni el desprecio de la pacificación.
Esa corza inexpugnable que deseé amar sólo me dejó la orfandad y el menoscabo de las garras. He resuelto que el olor del sexo es semejante al capricho, claros ojos de terciopelo azul.

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