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En la víspera del día de los límites, en el loco avispero de los amantes, una mujer prefiere una boca de embudo a un olvido transitable.
El beso en la cereza y el labio en la flor, la abertura cayendo por la garganta y un sintagma en la piel. 

Dos esperanzas en la muerte y ensillar el caballo del fin. ¡Cabalga hacia el temprano sol! ¡Coge tu vida sin utilidad, arriero de la ignorancia, y que cada oculta verdad amenace la calma aparente!

El pájaro y la hora son el hado en tu puerta. Un destino que suspira se guarda en el hálito. Duele observar, dentro del mar careciendo, tanta frugalidad en la ola.

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