Ir al contenido principal
Somos tan fugaces que obviamos nuestra propia irrelevancia y es difícil  sostener un nombre indexado a salvo de las maquinaciones. 
Aprendemos de la crueldad a vender caras nuestras acciones y antes de escuchar  nos ahogamos en nuestra propia beligerancia. Así como el amor, la buena poesía necesita reconfortarse con unos azotes.

Comentarios

  1. y si aprendemos a desaprendernos? Es bueno no aferrarse a doctrinas ni verdades porque sino no vemos más allá de nuestro propio culo. Y ya es difícil verlo.
    Obviar tan erróneo como suponer y una trampa más del silencio. Darnos debe ser gratis. Nuestras acciones que dejen la almohada tranquila.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. -Más allá de nuestro gratificante culo (el ego de algunos), aunque el observador de las posaderas se sienta indispuesto.

      -A veces hay que pagar para darnos (no queda claro si la persona que nos cobra merece nuestro aprecio o deberíamos dar una fortuna a quien nos soporta).

      -Compartir la almohada tranquila de nuestras acciones.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

POETÍLICOS

- ¿Cruces blancas en lo rosa? Si hay satisfacción, al desastre no le importa el sastre...
- Ya sabes, al final la muñeca diabólica siempre seguirá siendo muñeca... sastre y medidas férreas de lo que al "placer" se refiere.
- Prefiero la maldad de una mujer, incluso las bondades de una mujer con el mal... ¿De qué sirven los trajes cuando la piel es la medida?
-A veces vestiduras y pieles sufren de remiendos... hasta Satán sucumbe ante la costura de una mujer... de una muñeca también.
- ¡Satán jugando a las peponas! ¡Fascinante tentación!

Místicos deseos

Una melena prodigiosa que casi tapa el prodigio... Sobre el embiste, anteriormente citado, si no pone a prueba la consistencia del lecho me hace dudar de sus pretensiones. Si a una mujer se le da bien hacer habitaciones, el firme propósito de un hombre es deshacer su creación, deslegitimar su obra (no pensamos en follar sino en profanar colchones). Tengo la firme convicción de que cuando una mujer piensa deliberadamente en el amor es que la cama no está bien hecha, no le agrada totalmente, e intenta recomponer el dobladillo de las sábanas.
Ábrete como una flor al recuerdo, suicida con tus pasos las horas, porque nadie merece un tiempo de olvido... Vuela como una polilla hacia la eternidad de la luz, que no nos sirva la condescendencia de excusa ni la nocturnidad de abandono. El amor todavía es una quietud de sábanas limpias y un demonio que dormita desalojado de sus posesiones. Dios ha criogenizado tus lágrimas para resucitar la hermosura, y el alma despertará de su sueño para nidificar en lo alto.